Estampas de la Romería de Nuestra Señora de la Cabeza

Si algo caracteriza a la Fiesta que se celebra el último Domingo de Abril, en Andújar, en el corazón de Sierra Morena, es sin duda, el colorido y su singularidad, y la diversidad de estampas que nos regala durante esos días, hechos para impregnar nuestros cinco sentidos del aroma que desprende la Virgen Morena en su pasear por la Serranía.



Desglosando cada momento de este encuentro anual, hoy viene a mi mente una estampa.
Estampa que dura desde que la Imagen bendita de la Cabeza es entronizada en su templete procesional, hasta que vuelve a su Santuario y Basílica. Me refiero a los monjes trinitarios que se colocan a ambos lados de la Imagen, a los trinitarios.

El templete meciéndose lentamente, bailada por los anderos paso a paso, queriéndose detener en cada curva de la calzada, queriendo parar el tiempo, pero avanza, saludando a cada uno de nosotros.
De qué manera acercarnos a Ella, como un hijo a la Madre.
Pues ahí están, los monjes trinitarios hacen de lazo, de unión, sin duda alguna es el "cordón umbilical" del romero, del peregrino.
Los anderos la alzan, la enseñan, la bailan. Hacen devolver la visita de la Madre a todos sus hijos, aquellos que abandonaron su hogar por unos días para peregrinar hasta sus plantas, los mismos que hacen largas colas de espera para verla en su camarín.
Y ahí esta Ella, dando las gracias por cumplir el ritual encargado hace siglos por Juan Alonso de Rivas, en su Sierra saludando a todos, pero nosotros, sus hijos queremos tocarla, queremos llevarnos el regalo de rozar su manto, queremos transmitirlo a nuestros hijos, quermos impregnarnos de Ella.



El cordón umbilical une a la madre y al hijo de la misma manera que los padres trinitarios lo hacen durante horas entre la Madre celestial y nosotros.
Le mostramos nuestra familia, nuestras prendas. Es el momento en el que sentimos por un instante que la hemos tocado, rozado; y nos llevamos un trocito de Ella, de su Imagen.
Ese niño pequeño que es rozado por su manto, bendición romera.

Recuerdo una Romería lluviosa. Llovía a mares. La Virgen volvía a su Santuario, y estaba de nuevo en la plaza del poblado, todos empapados, y el paso de su procesional era ligero, pero aún así la emoción subía, la aplaudían con más fuerza, la acompañaban hasta la cumbre de su Cerro.
Pero un hombre llevaba sobre sus hombros una niña, su hija, sobre unos 7 años.
Y los que estabamos en aquel justo instante en ese mismo lugar vivimos algo entrañable.
A pesar de la lluvia los padres alzaban a sus hijos para ser bendecidos por la Stma. Virgen de la Cabeza, y ese padre pudo llegar hasta las andas de laMorenita, entre la lluvia y la muchedumbre,que aunque ya era menor todos se agolpaban al templete, como si se tratara de proteger ala Imagen.
Una vez en las andas, el trinitario cogió con todo su esmero a la niña, y ésta al darle un beso a la Virgen en la mejilla, observó que la carita morena de la Virgen tenía gotitas de agua, y la niña muy débilmente y con temor le limpió su rostro, y quedando limpia su cara le volvió a dar un tímido beso, esta vez al Niño.
Es algo que llenó de ternura a los cientos de personas que vimos esta pequeña estampa dentro del gran conjunto romero.
Tambíen un joven romero, impedido, sobre una silla de ruedas. Los anderos lo alzaron hasta acercarlo al mismo templete de la Virgen. El joven trinitario, viendo que no podía llegar hasta Ella, hizo algo que nos sobrecogió y nos emocionó. Cogió el manto de la Virgen, lo recuerdo, azul terciopelo, "el manto de la recoronación", y estiró de él hasta que pudo acercarlo al joven, tomó la mano del chico y con la otra el manto de la Morenita y los unió. Las palmas ensordecían los oídos de la muchedumbre que se agolpaba y lágrimas de emoción. El trinitario cogió un ramito de flores que llevaba el templete de la Virgen y lo dejó a un lado de la silla de ruedas, para que tuviera algo de Ella, su recuerdo.



Cientos de niños son alzados para besar el manto de la Madre. Los padres trinitarios se afanan en cogerlos con delicadeza para ofrecerlos a la Imagen Bendita de la Cabeza, y devolverlos de nuevo a su padres, y así generación tras generación ser bendecidos, cumpliendo el ritual de esta singular Romería.

ANDÚJAR PEREGRINA

Comentarios

  1. la verdad esque hacen una labor entrañable acercandole todas nuestras cosas para que la bendita imagen las bendiga,enhorabuena por este blog y esta emotiva noticia es preciosa.y los momentos que cuentas son preciosos que bonito.

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