domingo, 3 de abril de 2011

El Cerro de la Cabeza (2ª PARTE)

    Aunque ignoramos qué hace a algunos autores denominar “cabezo” a dicho cerro, podemos decir que a partir de 1900, en el referido libro de Luisa Fe, es cuando aparece también la denominación de “cabezo”. Así escribe dicha autora: “(…) por hallarse en lo más elevado de la Sierra, llamado Cabezo, como ya queda dicho (…)” (Madrid, 1900: 154). Si prestamos atención a la frase, observaremos que más bien puede tratarse de una errata de imprenta que un nombre escrito conscientemente; ya que a continuación dice “como ya queda dicho”, cuando realmente vimos que ella le denomina “Cerro de la Cabeza”.

    Torres Laguna, en la obra citada, llama al cerro de dos maneras: “(…) El cerro del Cabezo o de la Cabeza, es muy accidentado (…)” (Madrid, 1961: 29). Posiblemente para entonces ya circulaba entre las personas el nombre de “Cerro del Cabezo” y como Torres Laguna sabia que los historiadores anteriores a él lo llamaban “Cerro de la Cabeza”, es por lo que trata de compaginar uno y otro nombre, para no faltar a la verdad histórica, aceptando por bueno la otra denominación popular. Incluso puede que para algunas personas el que Miguel de Cervantes, en su libro Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, le llamara “Cabezo”, fuera suficiente autoridad para desechar, tal vez por desconocimiento de los autores que antes he señalado, la denominación de “Cerro de la Cabeza”, sin darse cuenta del error que al principio apuntamos. Así Cervantes escribe: “(…) Allí está el monte o mejor dicho el peñasco, en cuya cima está el Santuario que deposita en sí una Imagen llamada de la Cabeza, que tomó el nombre de la peña donde habita, que antiguamente se llamó Cabezo, por estar en la mitad de un llano (…)” (Madrid, 1616). Como hipótesis podemos plantear que la aparición de la palabra “Cabezo”, sea una errata de imprenta, debido a que si la escribimos en femenino, en nada cambia el sentido de la frase ni la concordancia, así decimos: “que antiguamente se llamó Cabeza”, o también quiso escribir “Cabezón” y le faltó la “ene”, por duda o errata de impresión. Pero lo más probable, dentro de las hipótesis planteadas, es que Cervantes empleara la palabra “Cabezo” como “cumbre de la montaña” y no como topónimo, tal con se ha considerado por los demás autores vistos. La respuesta la podemos encontrar en el Diccionario de la Lengua Castellana… Compuesto por la Real Academia Española, impreso en Madrid el año 1726, en el que la voz Cabezo significa: “s.m. El cerro alto, ó cumbre de una montaña; porque se eleva más que lo restante, parece cabeza. Es voz antigua, que aun se conserva en Murcia, y otras partes (…)” (Madrid, 1726: 26). Este diccionario se editó algo más de un siglo después que el autor de El Quijote publicara su Persiles y Sigismunda, obra póstuma; pero como vimos en la definición precedente, “es voz antigua”, de ahí que se pudiera incluir en el texto cervantino con el sentido antes indicado, nunca como topónimo; ya que el mismo es “Cerro de la Cabeza”.

    Además observemos como el significado de “cumbre de una montaña” ha desaparecido como definición de cabezo en los sucesivos diccionarios de la Real Academia Española. Posiblemente por ser más un localismo que una voz de uso general en España; ya que “cabezo” se emplea para llamar a cualquier cerro, sin ser topónimo. Estaríamos ante un nombre genérico, empleado en Murcia, Aragón e incluso en Huelva; a pesar de que Alcalá Venceslada no lo recoja en su obra.
    Lo que está claro es que los escritores locales desde el siglo XVII afirman que el cerro se llama “de la Cabeza”, no teniendo en cuenta la cita cervantina, de la cual tenían conocimiento. La prueba está en que Salcedo Olid lo nombra: “Y con más ponderación que todos Miguel de Cervantes en su Persilis, diziendo, que es una de las mayores fiestas que en todo lo descubierto del mundo se celebra” (Madrid, 1677: 330).

El marquesado del Cerro de la Cabeza.
    Otro dato significativo es que en el siglo XVII, Carlos II, concede el título de Marqués del Cerro de la Cabeza a Don Alonso de Tavira y Benavides. Esta concesión, según Enrique Toral y  Fernández de Peñaranda en su trabajo La concesión del marquesado del Cerro de la Cabeza, publicado en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses número 93, dio lugar a un pleito en el que intervinieron el Ayuntamiento de Andújar, la Cofradía de la Virgen de la Cabeza y el Obispado de Jaén. Este último a través de su Fiscal Eclesiástico, van a presentar alegaciones a dicha concesión, diciendo: “… por ser cierto que el Cerro que llaman de la Cámara, que esta sita la Hermita y Templo de la Santa Imagen, Casas, y habitaciones del Rector y Capellanes, se llamaba antes Cabezón, y después de la aparición de la Santa imagen, que hace mas de cuatrocientos años, se intitulaba el Cerro de la Cabeza (…)” (Jaén, 1977: 16).

    Por el anterior texto comprobamos como el referido cerro se había llamado antes de la aparición de la Virgen de la Cabeza, año de 1227,  “Cabezón” y que a partir de aquel momento significativo pasó a denominarse “Cerro de la Cabeza”, de ahí que todos los historiadores lo conocieran por este último nombre, porque es obvio y no hay que explicar más; que a la Virgen, pudieron  llamarla “Virgen de Cabezón”o de Cabezón”, por aquello del lugar donde aparece o la encuentra el pastor. Por tanto queda muy claro que nunca recibió el nombre de “Cabezo”, como actualmente se le viene diciendo.
    En Cañaveral (Cáceres) se da culto a la Virgen de Cabezón, el segundo domingo de mayo tiene lugar una romería en el cerro Cabezón.

El Cerro de la Cámara.
    Quiero llamar la atención igualmente, respecto al último texto citado, de que al cerro Cabezón le llamaban “de la Cámara”, lo cual debe relacionarse con el fortín del Jándula que sobre él estaba construido para control y defensa de los caminos de la sierra. Fortín que fue sustituido por la construcción de la ermita medieval que primero acogió a la imagen de la Virgen de la Cabeza, véase el trabajo de Juan Carlos Torres Jiménez, Génesis Histórica del Santuario de Nª Sª de la Cabeza (1185-1517) en Actas del I Congreso Internacional, La Virgen de la Cabeza en España e Iberoamérica. Torredonjimeno, 2003: 237-302. En el Fuero de Andújar se hace alusión a una donación de tierras, del Rey Fernando III, a la Orden de Santiago el año 1236 en “Cabeza Gorda, a la otra parte del río Jándula”. Al otro lado de dicho río está el Cerro de la Cabeza, al que se le llamaría popularmente “Cerro Cabezón”. Se denomina “cabezón”a  quienes tienen la “cabeza gorda” (Félix Martínez Llorente. “La ciudad de Andújar y su Fuero. Un estudio Histórico Jurídico”. Fuero de Andújar. Estudio y Edición. Andújar, 2006: 28-29).

Los Trinitarios.
    Cuando en 1930 los PP. Trinitarios se hacen cargo del Real Santuario de la Virgen de la Cabeza, se firma un acuerdo de cesión entre el Obispo, Manuel Basulto, y la referida Orden, haciendo constar en la cláusula 4: “El Sr. Obispo no autoriza en forma alguna a los religiosos que estén al frente del Santuario para que en su uso de los derechos de servidumbre de agua, pastos y leña, que el Santuario posee y disfruta sobre la mencionada dehesa del Cerro de la Cabeza, ejecuten acto alguno (…)” (Gómez Martínez, Enrique. “Los Trinitarios en el Real Santuario de Ntra. Sra. de la Cabeza. 75 años de Historia, 1930-2005”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 195. Jaén, 2007: 206). Como se observa en el referido año al lugar que ocupa el Santuario se le denomina “dehesa del Cerro de la Cabeza”. Si hubiese tenido otro nombre lo hubiesen dejado por escrito.  

    Considero que queda suficientemente aclarada la denominación real del lugar donde se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Cabeza de Sierra Morena. Espero que en lo sucesivo se haga justicia a la historia y dejemos de llamarlo “Cerro del Cabezo”, para hacerlo con propiedad y darle el tan bonito nombre de “Cerro de la Cabeza”.

Artículo: Enrique Gómez Martínez
Real Academia de la Historia
Instituto de Estudios Giennenses
Fotografía: Juan Antonio Rodríguez

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