La promesa

Siempre me ha sobrecogido este lugar... un espacio misterioso, cargado de energía, de presencias imaginables, de dolor... y también esperanza; una puerta en el espacio del tiempo; sin duda sobrecogedor.
Siempre he pensado que las energías de los seres humanos quedan atrapados en algún lugar del mundo material, escogen un templo mágico donde los mortales concentramos nuestra fuerza, nuestra fé, donde manifestamos nuestros miedos e inquietudes, donde liberarnos de nuestra carga... y creo que este es el lugar, justamente donde Ella quiso quedarse.

Con la triste luz del atardecer me adentro por el frío pasillo en ruinas, el mismo que formara parte del histórico Santuario de la Cabeza, me detengo... y alzo la vista donde ahora se levanta majestuoso el Real Santuario y Basílica de Nuestra Señora... y contemplo las campanas a sabiendas que la hora del atardecer arrancará su sonido penetrante retumbando por Sierra Morena, un repique que me lleva al Domingo abrileño, cuando la Reina y Madre sale de su Templo en su Día Grande.
Y sigo mi camino, observando las paredes agujereadas y derruidas  por lo sucedido años atrás, en una guerra incomprensible, separando a hermanos de una misma Madre. Parece oirse sus voces, sus gritos, sus sùplicas... el lugar está impregnado de un grito silencioso, pero a la vez siento la compañía y la calidez del manto que envuelve a la celestial Virgen Morenita.

Llego hasta la Luz, la luz creada por la voz del sentimiento hecha promesa, miles de promesas a mi alrededor, energías que me acompañan a modo de ángeles como queriendo guardar mi espíritu, y no me siento solo. Contemplo la réplica de la Virgen que guarda celosamente las promesas de mis semejantes, parece recobrar vida... una vida creada por las promesas que toman forma a través de la luz de las velas.
Ofrezco mi promesa a la Virgen de la Cabeza... miro a mi alrededor y me pregunto: ¿cuantas promesas se han cumplido?...¿y cuantas en el aire esperando encontrar respuesta? Vuelvo a mirar a la Virgen guardiana de los sentimientos, le rezo una Salve y enciendo mi promesa... la enciendo con otra y la pongo junto a las demás... aquí todo parece recobrar vida. Imagino los que han venido antes que yo, haciendo el mismo camino para pedirle cuanto necesitan o agradecerle cuanto tienen, y encendiendo su sentimiento lo depositan en el mismo lugar donde ahora lo hago yo.

Abandono el lugar, dejando mi historia en los vientos de Sierra Morena, regreso cargado de paz, de tranquilidad, aquí el espíritu se fortalece... es como viajar en el tiempo, es como mezclarte con otros sentimientos sin que las personas que pasan a tu alrededor sepan que tu promesa está junto a la de ellos.
Me despido de Tí... Morenita... hasta que vuelva a tus plantas para fortalecer mi fé con tu presencia.

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