El manto de Nuestra Señora de la Cabeza

Era una calurosa tarde, a las puertas de la estación estival, Junio del año 2004, en mis visitas a la Reina de los Cielos en su sagrado templo de Sierra Morena. Era de esos días en los que visitar a la Virgen Morenita te alimenta el alma de vida, por estar en soledad y entablar un diálogo interior sin que nadie ni nada pueda arrebatarte el momento. Me gustan esos días de entre semana, en los que la afluencia de peregrinos es menor, por atender sus labores cotidianas y rutinarias. Pero visitar el Cerro de la Cabeza es apartar el peso de lo común, de lo ordinario... para entrar en la linea que separa lo mundanal de lo divino.


Y allí estaba Ella, majestuosa como siempre, con una silenciosa paz, solo rota por el canto de las golondrinas, que en las hoquedades de las paredes del patio de la Aparición, construían sus confortables y rústicos nidos de barro.

Durante un largo rato, estuve contemplando a la Morenita, y con curiosidad, observé el manto que cubría la Sagrada Imagen, no por su color, que era de un vistoso verde terciopelo bordado en oro, sino por lo corto que le quedaba, más de lo habitual. Quizás el manto más corto que le he podido ver a la Virgen de la Cabeza. La terna: manto, saya y mantolín, eran del mismo corte. Siempre me gusta ver a la Morenita vestida de verde, es un color muy simbólico. Ahora comparto con vosotros este recuerdo, y estas fotografías para revivir ese momento.

ANDÚJAR PEREGRINA

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