En la eterna Romería

De esas tardes grises que invitan a caminar con el alma y a escribir con el corazón. A través de mi ventana contemplo la lluvia, que empujada por el frío viento golpea el cristal. Lejano en el tiempo y clavado en mi memoria recuerdo romerías, de esas de lluvia, de frío... pero de alma viva y sentimiento puro.

La lluvia borrará las huellas de las pisadas, pero en el corazón hay huellas que no borra el paso de los años, quedan marcadas por un mismo camino, un sentimiento... el mismo destino. Nuestra Sierra se haya repleta de almas peregrinas que caminan junto a Ella. Allá, en esos cielos andujareños, azul aterciopelados bordados en jara y romero, encontramos a los que un día, junto a nosotros caminaron. 

No hay preguntas, no hay respuestas. A veces, el camino pasa de la tierra a ese cielo aterciopelado... se van de entre nosotros, nos dicen un "hasta pronto", y entre los montes serranos se pierden sus pisadas para celebrar esa eterna Romería. No me pregunten porqué lo siento así. Es un sentimiento, y como tal, lo llevo dentro, es así porque me lo dicta el corazón, porque contemplar su mirada me muestra lo que siento, porque vivir sus romerías me lleva al entendimiento, porque compartir el camino me muestra un gran descubrimiento... esto es así porque así lo vivo y así lo siento.

Se nos marcha un peregrino, José María González, que tanto caminó entre las estrechas vereas de ésta nuestra sierra. Así me comentan: "un gran hombre, un gran romero, ejemplar peregrino... un hombre de la Virgen, un hombre de su pueblo, un luchador de su Cofradía..."
En esos caminos del cielo que acobija a nuestra Andújar, entre palmas y vivas, también esperan esa Primavera serrana, cuelgan sus estadales y medallas al pecho para esperarnos en ese eterno camarín, donde su Cofradía andujareña, les abrace entre banderas y les hable con sus cantes.

Al final de nuestro camino, en esa madrugada que Andújar llega a sus plantas, ante su Morena del alma, entre la solemnidad merecida, con el sudor en el cuerpo, el cansancio en el rostro..., el corazón sonríe gozoso, entristece por nostalgia y lloramos de emoción, porque en ese momento que Andújar se adentra en su Santuario y alzamos la mirada ante la Reina y Señora, los vemos ahí, junto a Ella; nos aplauden, nos sonríen, nos abrazan... estamos todos... ahora es más Andújar, porque en Ella están aquellos que se fueron a caminar por los caminos del cielo... en la eterna Romería.


"A la memoria de cuantos caminaron con su medalla en el pecho, entre caminos y vereas, al encuentro de la Virgen Morenita, y hoy, ya se encuentran junto a Ella, esperando esa madrugada en que Andújar llegue ante su Virgen serrana, en ese Domingo abrileño, donde los caminos del cielo, se abren en la cumbre de ese bendito cerro."

© ANDÚJAR PEREGRINA

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