Crónica de un día cualquiera

En una mañana cualquiera, de las que nos trae un nuevo día, de fresca y agradable brisa, cuando aún sus calles se presentan solitarias y libres de tránsito, esas mañanas en las que me gusta caminar, perderme en una Andújar tranquila y soleada, para poder tener ese diálogo interior que todo ser humano debería experimentar. Contemplo como cada rincón de mi pueblo rinde homenaje a su romería, en plazas, rotondas, paseos, y en sus calles cualquier escaparate es bueno para presentarte a la Patrona en diversos formatos de impresión, sin olvidar los cuadros en azulejo con representaciones de la fiesta grande plasmados en los portales de pisos y casas. Andújar es tan mariana que no se concibe sin su Morena, en cada iglesia, una imagen de la Morenita, a todas me gusta visitarlas, contemplarlas, observarlas... rezarles.
Me dirijo hacia el centro mariano de la ciudad por excelencia, la ermita. La calle Ollerías aún se encuentra desierta, tan solo algunas mujeres con la tarea de la limpieza diaria a la puerta de fachadas cruzan el saludo matutino conmigo esbozando una sonrisa, y es que, en esta tierra, aún conservamos esa educación de mirarnos a la cara y recordarnos que somos vecinos de un mismo pueblo con un "buenos dias".

Frente a la fachada de la ermita, creo que es de las pocas veces que me planto a observar el tímpano, donde historia, religiosidad y leyenda se mezclan con lo actual y cotidiano, buscando ese punto de equilibrio. La escena de la Aparición de la Virgen es presentada diariamente al viandante. En la puerta, la misma señora, ya como de la familia, me dispongo a buscar en mi bolsillo alguna moneda con que ofrendarla y me adentro en el pequeño templo que acoge diariamente las plegarias de un pueblo, el pasar de la vida, punto de parada obligado de quienes caminan por esta calle céntrica de la ciudad, y es que, la Morenita de la ermita o también conocida como "de la capilla" nos sirve de aliento y apoyo en el estrés de la vida. Unos minutos bastan para dibujar en los labios una oración dirigida a Ella, mientras me giro para saludar al Cristo Jesús Rescatado, tan venerado y presente en la vida diaria de los andujareños.

En el interior de la ermita todo parece detenerse, aunque el murmullo, el griterío de los niños y los típicos ruidos de una calle transitada te recuerdan lo efímero de un sueño que se desvanece cuando abandonas el santo lugar, pero frente a Ella todo se ve de otra manera, hasta el pensamiento se transforma en una nube de sensaciones. También resulta gracioso ver como este rinconcito de mi ciudad se convierte por minutos en lugar para hacer vida social, ya que las marujas aprovechan tras su oración para contar el último chisme a la vecina de turno... que le vamos hacer.

Siempre es agradable pasear en la fresca mañana por mi ciudad, Andújar, tropezar con historias que sin tú querer te hacen partícipe, te adentras en un escenario donde te envuelven sus gentes, donde se comparten momentos e instantes por el mero hecho de observar tu alrededor, donde la parada obligada en la ermita detiene tu tiempo, donde la Morenita abraza tus pensamientos aliviando el peso de tus problemas, y mientras tanto, Andújar va creciendo, se va haciendo poco a poco, se va entrelazando capítulo a capítulo, donde sus gentes escriben la historia de esta bonita ciudad. Yo, mientras tanto, seguiré soñando con banderas, en mi interior sonará el redoble del tambor, y en mi mente, se talllará la imagen de mi Patrona, la Virgen de la Cabeza... y os seguiré escribiendo el sentimiento que guarda un andujareño.

© ANDÚJAR PEREGRINA

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