jueves, 3 de octubre de 2013

La ciudad del valle

Abriles andujareños

Cojamos el sendero, y sin perderlo, demos un paseo por las romerías del alma. Abramos el corazón, y dejando la razón a un lado, toquemos el sentimiento, hagamos que el sentido se abandone al recuerdo… y comencemos a caminar.


Mi corazón abre el álbum de los momentos vividos, de los que acarician el alma, de los que se hacen sentir. Cuantos abriles andujareños encierran mi piel, cuantos suspiros, cuanta lágrima emocionada recorre mi mejilla como peregrino recorre el sendero hasta caer de rodillas emocionado ante Ti.


Y las viejas banderas volverán a tus calles mi Andújar querida, a pregonar tu nombre antes los vientos serranos que bajan al valle del Guadalquivir, susurrando poemas de una Virgen morena que con eterna mirada vela por mí.

No dejes la senda, sueña despierto, camina entre montes, donde se oyen redobles de tambores y cohetes crujir. Repicar de campanas, susurros de oración, y en la cumbre del cerro con el Niño Dios, se encuentra la Madre del cielo. Que grandeza, poder gritar tu nombre Virgen de la Cabeza, Madre de Andújar, mirada eterna.

Y a ti peregrino, no abandones el sendero del alma, sigamos paseando por las viejas calles de esa Andújar que palpita dentro de nosotros, de una Andújar que camina, de esos momentos abrileños, de una Andújar peregrina.

ANDÚJAR PEREGRINA

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