La imagen de Nuestra Señora de la Cabeza de Iznájar

Histórica y centenaria devoción, Nuestra Señora de la Cabeza. Hoy les mostramos una joya que perdura en el tiempo, haciéndonos llegar a nuestros días los ecos de vítores de antaño y la huella imborrable del peregrinar de sus gentes. Iznájar, pequeño pueblo cordobés bañado por las aguas del río Genil, atesora entre los muros de la iglesia de Santiago Apóstol una bella talla de la Santísima Virgen de la Cabeza, legado de la antiquísima cofradía filial que existía en dicha población en los siglos XVI y XVII. Concretamente, y según la nómina de cofradías, en el año 1555 se establece una concordia en cuanto al orden de antigüedad de las cofradías de la Virgen de la Cabeza, donde aparece Iznájar en el puesto 13. Del mismo modo así lo refleja D. Manuel de Salcedo Olíd en su "Panegírico Historial de Nuestra Señora de la Cabeza de Sierra Morena" publicado en el año 1677.


Bajo un sol de justicia llegábamos al pueblo de Iznájar, donde ganando altura, la brisa se hacía más agradable. Sus calles tranquilas y casas blanqueadas. Nos apresuramos hacia la parroquia de Santiago Apóstol, donde tenía referencia de la existencia de una antigua talla de la Virgen de la Cabeza. La hora temprana de nuestra visita nos anunciaba que deberíamos de esperar... y así fue, la puerta principal de la iglesia estaba cerrada, lo que en cierto modo nos invitaba a pasear por el pueblo a la espera de poder entrar en el templo.

Prácticamente nadie en sus calles, tranquilidad, vistas hermosas e impaciencia por ver la efigie de María bajo la advocación de la Cabeza. En una de las estrechas calles que daba salida a una bonita plaza nos cruzamos con una monja a quien llamé su atención para preguntar la hora de apertura de la iglesia. Muy amablemente nos comentó que abrirían sobres las 7 de la tarde, nos explicaba que había exposición del Santísimo por el día de Santiago Apóstol.


Algo larga se nos hizo la espera. De nuevo subimos las empinadas cuestas para llegar a la parroquia que corona el pueblo de Iznájar. La puerta estaba abierta, y un señor que intuímos que debía ser el sacristán o el sacerdote acababa de abrirla. No esperé un solo momento, al llegar a él me presenté y le pregunté ¿cual es la imagen de la Virgen de la Cabeza?, se giró alzando el brazo y señaló con el dedo al altar principal. 
Mis ojos buscaron rápidamente entre el retablo, donde mi mirada quedó fija en una preciosa talla de la Virgen María, de pequeña estatura y ricos ropajes. A medida que me acercaba podía descubrir sus curiosos y misteriosos ojos. Quedamos un buen rato sin decir una sola palabra, solo contemplándola y analizándola más con el sentimiento que con la razón. En Ella quedaba marcado el paso del tiempo.


Busqué al sacerdote para hacerle unas preguntas, ya que quería obtener la información necesaria. Aunque poco se sabía de la talla, para mí fueron suficientes los datos. Datos, los cuales me confirmó una mujer mayor vestida de negro que entró en la iglesia. Me dirigí a ella haciéndome de nuevas y pregunté si podía decirme cual era la Virgen de la Cabeza. La mujer sonrió y señaló al altar principal, comentándome que en tiempos pasados llegó a ser la patrona de Iznájar, dato curioso y desconocido para mí. Nos dijo que dicha imagen era milagrosa y a Ella venían para curar los males y dolores de cabeza.


Nos pusimos en contacto con la oficina de turismo del pueblo. Poca información tenía sobre la imagen, pero sí me confirmó que los únicos datos que tenían sobre la Virgen de la Cabeza de Iznájar son los siguientes: "se trata de una obra de escuela granadina de principios del siglo XVII, concretamente el año 1615 y se le atribuye a Alonso de Mena, siendo una de las tallas de más importancia de las que se encuentran en la parroquia de Santiago Apóstol de Iznájar (Córdoba)".

Volvimos a la parroquia antes de que dieran comienzo los cultos, acercándome a la talla de nuevo para contemplarla. Sin duda una muestra más del pasado devocional de Nuestra Señora de la Cabeza que he querido compartir con los lectores y seguidores de este blog.

© ANDÚJAR PEREGRINA

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