Un mágico lugar de consuelo y esperanza

Si mágico es el lugar, maravillosas las vistas, más grande es el corazón que esperanzado alza su mirada para encontrarse con Ella. Pero hay ocasiones, en las que no se necesita mirar el rostro de  nuestra Morenita para alcanzar el sentimiento puro de conciliación y consuelo. Lo he sentido en multitud de visitas a su bendito camarín, donde se agolpan las promesas, las súplicas, los susurros que suenan a oraciones, y sobre todo amor, el amor maternal que inunda cada ser que se adentra en ese mundo paralelo que solo se traspasa al estar junto a Ella.


Ha llegado la Primavera, y Sierra Morena vuelve a mostrar su belleza, vuelve la vida en color y cánticos, y miles de fieles peregrinan hasta sus plantas. El repique de campanas nos recibe, y solo oirlas emociona, porque soñamos un nuevo último Domingo de Abril.
Enormes colas de fieles guardan su sitio hasta llegar el momento de tenerla frente a ellos, son breves instantes para un eterno recuerdo. No olvidaré este momento, y más, cuando este espacio que comparto con vosotros, me sirve para revivirlo y guardarlo para siempre.

En el pasillo que conduce a su morada se oyen vítores, palmas y susurros, oraciones... y besos lanzados al aire que Ella recoge en su silencio y en su alma de madre. 
No pude mirar su rostro, porque en la mirada de los peregrinos se refleja su cara morena. Arrodillado ante Ella se encuentra un joven que parece haber desconectado del mundo para adentrarse en el corazón de la Virgen Morenita. Me quedé sin palabras porque su rostro denotaba esperanza y consuelo, y una muestra de gratitud que solo alcanza a comprender quien  mira a la Virgen de la Cabeza con un corazón limpio.
No quería alejarse de Ella, y ante la multitud de fieles que se agolpaban en el camarín, cambió de lugar situándose tras de Ella, alzando su mirada para contemplar su manto; rezaba, lloraba y fuertemente besaba el cristal que protege en su parte trasera a la Bendita Virgen.


Mis ojos miraban a la Virgen, y una vez más me llené de vida, renové mi esperanza y encontré el consuelo que anhelaba. El camarín es un lugar mágico, donde se cruzan los sentimientos de los fieles y se funden las promesas, se conecta con una fuerza que interiormente nos engrandece como ser humano. 

© ANDÚJAR PEREGRINA

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